Este viernes el mundo recuerda la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret

Es el quinto día de la Semana Santa y en él se guarda ayuno y abstinencia de carne como penitencia.

Es Viernes Santo. Es el quinto día de la Semana Santa que comenzó con el Domingo de Ramos.

En esta fecha no se celebra la eucaristía, al igual que el Sábado Santo. En su lugar, se celebra la “Liturgia de la Pasión del Señor”. En las iglesias se relata ese suceso trascendental.

El sacerdote y el diácono visten ornamentos rojos, en recuerdo de la sangre derramada por Jesucristo en la cruz. Los obispos participan en esta celebración sin báculo y despojados de su anillo pastoral.

Este Viernes las iglesias estarán vacías. Las celebraciones se seguirán por transmisiones On line y redes sociales.

El comienzo de esta celebración será en silencio. En seguida, ante un catedral vacía, se iniciará la Liturgia de la Palabra: se proclaman dos lecturas, la primera del profeta Isaías, el siervo sufriente y la segunda de la Carta a los Hebreos, intercaladas por un salmo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Después de la segunda lectura, sin aclamación, se proclama el relato completo de la “Pasión según san Juan”, en cuya lectura suelen participar varias personas, leyéndose los papeles de Jesús (por el diácono o el sacerdote), el cronista por una persona y el Sanedrín (las personas que aparecen en el relato) por otro, siendo un seglar el que informa de lo que se va a ir realizando a lo largo de ésta celebración, al igual que en el día anterior. La homilía es algo más breve de lo habitual debido a lo extenso del Evangelio.

La Liturgia de la Palabra finaliza con la “Oración universal”, hecha de manera solemne. Se ora por la Iglesia, por el papa, por todos los ministerios —obispos, presbíteros y diáconos— y por los fieles, por los catecúmenos, por la unidad de los cristianos, por los judíos, por los que no creen en Cristo, por los que no creen en Dios, por los gobernantes, y por los atribulados.

Después tiene lugar la adoración del Árbol de la Cruz, en la cual se descubre en tres etapas el crucifijo para la adoración de todos. El sacerdote celebrante va a los pies de la iglesia junto con dos personas (diáconos o monaguillos normalmente) que portan unos cirios y va avanzando con la cruz tapada con una tela oscura o roja y la va destapando mientras canta en cada etapa la siguiente aclamación: ” Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la Salvación del Mundo“, respondiendo los fieles y el coro “Venid a adorarlo“, de modo que al llegar al Altar queda totalmente descubierta.

A continuación los sacerdotes besarán la cruz . Este año ante el coronavirus, no habrá fieles para hacerlo. Mientras, se suele cantar alguna canción, la única en toda la celebración.Luego, se reza el Padre Nuestro.

La celebración culmina sin impartirse la bendición, al igual que en el día anterior ya que la celebración culminará con la Vigilia Pascual, y se invita a esperar junto a María la llegada de la Resurrección del Señor, pero mientras tanto, se produce un profundo silencio y meditación sobre la Muerte del Señor.

El Viernes Santo y el Sábado Santo (antes de la Vigilia de la Resurrección) son los únicos días del calendario litúrgico católico donde no se celebra la Misa, como luto por la muerte del Señor. Las campanas permanecen mudas, siendo sustituidas en algunos lugares por matracas de madera. Tampoco el órgano suena, excepto para marcar el tono, y se evita el canto polifónico.